jueves, 7 de noviembre de 2013

Maternidad y estrés: Cuando las mamás necesitan tiempo libre

La crianza de un hijo nos pasea por diversos estados de ánimo, a veces difíciles de manejar. Lo bueno es que sabemos que los momentos complicados, pasan. Hay que tolerarlos y buscar recursos para manejarlos. Consejos para minimizar el mal humor y mejorar la relación con los niños.

No doy más”, “Los chicos hoy me saturaron”, “No les tengo paciencia, me la paso gritándoles”, “Me quiero escapar, necesito estar sola”. Estas frases nos resultan muy familiares seguramente a la mayoría de los padres. ¿Quién no ha dicho o sentido algo similar en algún momento?

Sabemos que la crianza de un hijo nos pasea por diversos estados de ánimo, y seguramente, todo padre tendrá más de una anécdota al respecto. A su vez sabemos que son momentos difíciles, pero que pasan, los toleramos y manejamos. El problema surge cuando estos sentimientos se dan con frecuencia, mucha intensidad, duran largo tiempo y experimentamos pérdida del control.

Como madres, tenemos la gran tarea y responsabilidad de ayudar y acompañar a nuestros hijos en su crecimiento y desarrollo como personas. Seguramente abundarán los momentos únicos y de gran satisfacción, pero también surgirán otros difíciles de sobrellevar. Por ejemplo, falta de descanso de los padres, rabietas y mal comportamiento de los niños, situaciones en las que se ponen a prueba la tolerancia y las estrategias para resolver conflictos.

Para lograr manejarnos como madres tranquilas, comprensivas y educadoras, debemos empezar cuidando de nosotras mismas. Esto implica incorporar tiempo para cada una, y reconocer cuándo es necesario restablecer el equilibrio. Si no nos tomamos un tiempo para reponernos y seguimos día a día sin descansar de los niños, probablemente el resultado sea un alto estrés y mal humor crónicos. Esto repercutirá directamente en nuestros hijos, manifestándose de múltiples maneras.
Las madres que controlan sus emociones, serán más capaces de regular las de sus hijos.

Algunos consejos para minimizar el mal humor y mejorar la relación con los niños:

1. Alimentarse y dormir adecuadamente: Aunque parezca una obviedad, hay muchas mamás que no desayunan, que comen lo que dejan en el plato sus hijos, que “pican” algo mientras se ocupan de otras tareas y hasta las que comen rápidamente y en un clima de estrés.
Realizar cuatro comidas, variadas y sanas, sentarse con el tiempo suficiente para no comer apurada, son clave para fortalecer nuestro organismo y seguir enfrentando las actividades del día. Es importante informarse acerca de cómo realizar una sana alimentación, hasta hay alimentos que ayudan a incrementar la energía, y que equilibran el estrés. El descanso adecuado también forma parte del equilibrio necesario para ejercer el rol de padres más eficazmente.


2. Pasar tiempo solas: para recuperar fuerzas, es necesario pasar un tiempo a solas. El no lo hacerlo, probablemente te llevará a sentir que corrés todo el día atrás de los chicos satisfaciendo sus necesidades, con signos de agotamiento, irritabilidad y poca conexión emocional con ellos.
Cuando una mamá se toma y respeta su tiempo, se reencuentra con sus hijos con alegría, buen humor y ganas compartir. En este tiempo, es fundamental que la mujer haga cosas que le generen placer. Leer, caminar, pasear, realizar alguna manualidad, etc.


3. Pasar tiempo con gente que te hace bien: compartir tiempo con otros adultos, como la pareja, familiares o amigos ayuda a recuperar el equilibrio, a desestresarse y conectarse con otros temas.
Hay estudios científicos que avalan el poder positivo de las relaciones sociales. Estos vínculos íntimos y de confianza, se ha demostrado que reducen o amortiguan el estrés relacionado con los principales cambios de la vida (como nacimientos, crianza, enfermedades, divorcios, etc.), así como el vinculado con los efectos acumulativos de las dificultades cotidianas.


4. Realizar ejercicio físico o practicar un deporte: el ejercicio físico, genera en las personas que lo practican bienestar emocional. Aumentan su energía y su autocontrol, se sienten más pacientes, creativos y fundamentalmente disminuyen los efectos del estrés.
Los especialistas recomiendan como más beneficiosos los ejercicios continuos, rítmicos y aeróbicos tales como correr, caminar, andar en bicicleta o nadar. Tienen que practicarse con frecuencia, con un mínimo de veinte minutos y por sobre todas las cosas, realizarlo con una actitud positiva.


5. Pedir ayuda y delegar: Este tipo de ayuda práctica (que un tercero lleve a los chicos al colegio, que pasen una tarde con sus abuelos, que vayan de visita a la casa de sus primos o de algún amigo), la ayuda cotidiana (alguien externo que colabore con los quehaceres domésticos), junto con el apoyo emocional, pueden significar la diferencia entre encarar los retos diarios naturalmente, o llegar a padecer estrés crónico. A su vez, nos beneficiaremos de ayudar a otros, en el dar y recibir.

Si aceptamos que no somos, ni debemos demostrar que somos la super mamá, esposa, ama de casa, mujer, amiga…, seguramente lograremos mayor bienestar y nos dedicaremos de manera más sana a la crianza de nuestros hijos.


Lic. María Verónica Tamburelli
MN. 24.207
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